martes, 16 de diciembre de 2008

Capítulo 4: La cruel espera.

Con el guión terminado, leído y releído me dispuse a escribirle un mail al editor Jorge Iván Argiz con un texto más o menos alegre y un adjunto en el que iba mi nueva obra.
Él, una vez aprobara lo escrito, se lo enviaría a Infame para que éste también lo lea y, si es del agrado de todos, ponerse a dibujar su increíble magia.
Al día siguiente reviso el mail y ¡había una respuesta del editor!
¿A ver?

Me lo imprimo, lo leo y mañana te digo cosas
¡tengo ganas de sumergirme en esta historia a ver que tal!
Suerte en el barrio nuevo.

Jorge.
¡Ay! Habrá que esperar...
esperar...
esperar........
esperar.................
esperar...........................
¿Cuánto es el tiempo que un autor puede esperar la respuesta de un editor sin caer en el patetismo de escribir un mail "para ver cómo va todo"? ¿Cuánto dura el "tiempo que se toma para estudiar la historia" y cuándo empieza el "no le gustó; seguro que no le gustó"?
Poco se ha escrito al respecto, y puedo asegurar que es uno de los momentos más tremendos en la vida de un autor.
Nunca le pregunté a un editor si disfrutan haciendo esto. Y si alguno me llega a responder que sí...
Fue en esas noches de desesperación (el verano aquí en Buenos Aires facilita esto), que escribí el siguiente mail:
Pero no me tenga así, señor!
Soy practicamente una colegiala en camisón...
Abrazos!
Como si aquello fuera poco, el silencio del otro lado del Atlántico continuaba imperturbable.
Estaba a punto de cortarme las venas con una cucharita de helado.
¿Qué demonios pasaba?

2 comentarios:

Florencia Bini dijo...

...y?
yo también tengo que esperar ahora para ver que te contestó, también en verano y encima sin helado.ja!ja!
tu narración de los hechos es buenísima, está para una novela.
besos

Lucho dijo...

Logramos germinar la semillita de la intriga. ¡Y eso que solo contamos la "historia de una historia".
Me alegro mucho, Florencia. Para los que estuvimos metidos en este proceso fue también toda una aventura, así que queríamos compartirla con nuestros colegas y amistades.
¡Bienvenida!