lunes, 6 de agosto de 2007

Cuento Hasta Tres

Hay algo, no hay dudas, en las acuarelas de Leticia Ruifernández que hace que los cuentos -sean cuales sean éstos- cobren vida. Y no me refiero a que cobran vida en el momento en que se leen ni -muchísimo menos- a que su vida sea delimitada a lo que se esté contando en el relato.

No; los cuentos ilustrados por Leticia Ruifernández -y sobretodo éste, que es el que me tiene como autor de las palabras- tienen pasado, existen en su presente y van hacia algún lado.
Hay, en Cuento Hasta Tres, una historia que no se ha contado y otra que no se contará antes y después de la que sí se cuenta. Se trata del "de dónde vienen los personajes" y del "hacia dónde van".
La historia -la que sí se cuenta- relata la vida de un jovencito que, cada mañana, corre hasta el patio de su casa para ver qué es lo que la noche se ha dejado olvidada esta vez. Claro que los olvidos pertenecen a la imaginación del protagonista (la sombra de la parra son las manchas que se le cayeron a un tigre que pasó apurado, un charco de agua es un sueño ajeno que no llegó a destino, una pelota es un planeta caído...) hasta que se le aparece una nube. Una nube de verdad. Es ésta una historia sobre la amistad, la libertad y la nostalgia sana de haber sido niño.

(Quien quiera leer una reseña muy interesante de este libro, cliquear aquí).


"Cuento Hasta Tres" fue galardonado con el primer premio en el VI Certamen Internacional del Album Infantil Ilustrado "Ciudad de Alicante" (2006) y fue publicado por Anaya en su espléndida colección Sopa de Cuentos.
Pero para mí, el mayor placer ha sido trabajar con Leticia. Con su enorme talento pero también con su profunda amistad. De un continente al otro. Contándonos historias para irnos a dormir más felices.

Cuento Hasta Tres, de Luciano Saracino & Leticia Ruifernández.
Ed. Anaya, 2006.