jueves, 26 de julio de 2012

Robin Wood!

En casa no se leían las revistas de Editorial Columba.
Sí se leía historietas. Muchas. Mi viejo guardaba su colección encuadernada de las Hora Cero Semanal, y por todos los cajones había ejemplares de Satiricón, Chaupinela, Mengano, Humor, Hortensia, Humi, Anteojito, Fénix y, un poco después, Fierro.
Pero no se leían las revistas de Editorial Columba. Había un murmullo que decía que los títulos que publicaba esa editorial eran “mersas”, o “fachos”, o… Estamos en Argentina. Y nos hace falta, cada tanto, marcar territorio desde los lugares comunes.
Aquellos años estaban demasiado cerca de los años setenta. Y, en casa, se hablaba entonces de “cosas grandes”. “Ausencias enormes”. No se leía Columba.
Tampoco se leían historietas de superhéroes. Y qué le vamos a hacer.

Mi hermano mayor -Pablo- estaría en cuarto o quinto grado, y se había enganchado mucho con la serie de novelas protagonizadas por Damien (esas de La Profecía, escritas por David Seltzer), y andá a saber cómo se enteró de que en El Tony (¿o D´artagnan?) estaban publicando adaptaciones en viñetas de esas historias.
Entonces pasó. Mi hermano Pablo le pidió a David (el portero del edificio) que le separase las Tony (¿o las D´artagnan?) que los vecinos tiraban a la basura (porque las revistas de Editorial Columba se tiraban; no como las que se leían en mi casa, producidas para la posteridad). Fue así que entraron “esas revistas” en mi casa.
Las adaptaciones de La Profecía no eran la gran cosa. Estaban mal dibujadas. Y los guiones… bueno. Mi hermano no les prestó mucha atención. Pero había “algo” entre las páginas. Y mi hermano se dio cuenta enseguida de eso porque era un tipo que –ya por entonces- tenía ese don de encontrar las flores en los lugares más insospechados. Y flasheó.
“Eso” se llamaba Dago. Era una historieta escrita por un tal Robin Wood y dibujada por un tal Alberto Salinas. Yo era muy chico, pero me acuerdo de la fascinación de mi hermano por aquella historieta (recuerdo que, en la decena de números que llegaron a casa, se estaba desarrollando una saga en la que Dago era llevado en andas por un tal Berleybey (barbarroja). Alguien le había destrozado las plantas de los pies, y el pirata llevaba al esclavo).

Tardé unos años en leer esa historieta (que nadie había tirado), pero cuando lo hice mi vida cambió para siempre.
Quise saber quién era ese tal Robin Wood que había escrito aquello, y me di cuenta que el tipo era un genio. La primera vez que yo fui “fana” de algo, fue de Robin Wood (luego vendría todo el resto, que no voy a mencionar para no desnudarme tanto). Me obsesioné. Le seguí la carrera, pegaba páginas de sus historietas en mi habitación, compraba todo lo que salía con su nombre… y no tenía ni idea de quién era verdaderamente Robin Wood. Cuando me supe de su vida (paraguayo obrero que escribió un día una historieta y que, cuando le dijeron que se ponga a trabajar de aquello, él aceptó y se dedicó a recorrer el mundo, viviendo él mismo las aventuras que escribía). Ahí el rompecabezas se hizo perfecto: no solo me gustaba lo que este hombre escribía. Me gustaba la vida que este hombre vivía. Escribir y viajar.  

Tendría doce o trece años cuando las historietas que escribía este señor y la vida que vivía este señor formaron un pensamiento debajo de mis rulos: “quiero dedicar mi vida a escribir historietas; y quiero viajar por todos los rincones del mundo”. El pensamiento ese no me abandonó jamás. A veces, hago una cosa y la otra.

Ahora que soy grande sé que aquella fascinación no había sido una cosa de preadolescente que se curaría con los años: Robin Wood -junto a Oesterheld, junto a Trillo, junto a Gaiman- forma parte del panteón de mis próceres en viñetas. Y cada tanto me leo aquellos capítulos del pirata y el esclavo.

¿Para qué todo este texto?

Para contarte que este viernes 27/07 a las 17:30 en la Feria del libro Infantil de Buenos Aires (al lado de la facultad de derecho), me tocará hacerle una entrevista pública/homenaje a Robin Wood, el autor de Dago, Nippur de Lagash, Gilgamesh el inmortal, Savaresse, Jackaroe, Pepe Sánchez, Mi Novia y Yo, El Cosaco, Dennis Martin, Helena, Mark, Dax y otro centenar de personajes fundamentales de nuestra cultura popular.

A mí me tiemblan las piernas.

Dice el pibe que fui que va a ir. Que no se lo perdería por nada del mundo.

¿Vos?

¿Venís?

Entonces nos vemos.

2 comentarios:

dakota73 dijo...

A mi me paso lo mismo,y alucine con R Wood y con Lucho Olivera,un descubrimiento preadolecente.... todavía recuerdo frases mágicas tan bien encajadas como los bloques de los templos que habrá visto el mismo Gilgamesh.

Naomi Chelsea dijo...

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