Como suceden siempre estas cosas, se nos apareció de golpe una perlita: una historieta de terror pintada íntegramente a carbonilla y llena de manchones y oscuridades en cada esquina de una ciudad sombría y repleta de historias trágicas. El guión, dicho sea de paso, debía ser tan oscuro como los dibujos.
Había en un callejón un fantasma que no podía salir del lugar en donde lo mataron; un policía que guardaba más secretos que los adoquines mismos; una hermosa mujer que era, en realidad, horrible; una niña que tenía los ojos más negros del mundo... y un hombre que caminaba las calles de arriba a abajo transportando en sus espaldas una bolsa llena de carbón.
Era una bonita historia (si puede entrar tal calificativo para este tipo de argumentos). Se llamaba "El Hombre Del Carbón" (¿o era "El Hombre De Carbón"?) y nunca pasó de aquel vagón de tren.
Con Poly nos pusimos a armar otros proyectos mucho más luminosos y felices.
No sabemos para dónde nos llevará el riel de la vida y los proyectos. Aquella historia, en tanto, espera. Esa es su misión: sabe de momentos, y cuando llegue el suyo, atacará.
Aquí el "dibujito" que Poly se despachó aquella vez. 
Lo guardo como un tesoro que hoy quiero compartir.