
Acaba de salir, con bombos y platillos,
Corina y el Pistolero. Todavía no he visto cómo quedó ni he podido estar en la fiesta de presentación entre vasos y besos (la distancia se hizo inmensa).
Pero
Infame acaba de llamarme.
Y, "que si, colega, que ha quedado maravillosa".
Por algún motivo que no podríamos definir, cada vez que nos referimos a este libro, tanto el ilustrador como yo le decimos "ella".
No es para menos.
Todo el proceso fue un romance.
Romance con el personaje femenino (nunca escribir una historia fue tan "de hadas y sirenas"). Romance con la magia de
Infame & Co (uno de los más importantes dibujantes españoles del momento) que ya se ha colado entre mis seres queridos de veras. Romance con el magnífico color que
Manu Ortega le imprimió a esa misteriosa portada. Romance con el prólogo que nos escribió
Javier de Isusi que es una maravilla en sí misma. Y, sobre todo, romance con mi papel de escritor.
Nunca antes escribí un cuento (¿es un cuento?) que me haya transportado tanto y que me haya hecho tanto bien.
Y eso que cada vez que escribo me siento bien. Es que... ¿han visto alguna vez a Corina?
Es preciosa. Se los puedo asegurar. Tiene... algo.
Vine, hoy, especialmente para decirles eso. Que en España se ha publicado Corina y el Pistolero. Que cualquiera —si sabe mirar— se la puede cruzar por ahí.
Y que estoy orgulloso de haber estado en el medio de esta maravillosa historia de amor.


Corina y el Pistolero, de Luciano Saracino e Infame & Co. 2009.